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Una alegría para difundir

TALLER DE DISCERNIMIENTO


En lo personal, antes de comenzar el taller me encontraba muy confundido en relación a varios aspectos de mi vida, entre ellos mi vocación y el manejo de mis relaciones interpersonales. Siempre he sido una persona muy complaciente y he tratado de buscar con esfuerzo la aceptación de mis hermanos y de Dios. He aprendido que llevado al extremo uno termina por sacrificar su autenticidad, y que en realidad su origen reside no tanto en la entrega amorosa sino más bien en un miedo general al rechazo.


A buen tiempo llegó la invitación a participar del “Taller de Discernimiento” de CVX. En él se nos regaló una nueva manera de transitar nuestra experiencia que tiene a la introspección como elemento clave, lo que convierte el discernir en mucho más que una mera herramienta útil para tomar decisiones, como intenté adivinar al principio.


En primera instancia aprendimos a reconocer de qué manera nuestra mente se puede hallar enredada, distinguiendo entre distintos tipos de “movimientos”, algunos de los cuales se encuentran más allá de nuestro control. La buena noticia es que no solo no somos responsables de lo que sentimos ante determinadas circunstancias, sino que examinar lo que acude a nuestra conciencia nos da pistas para entender y cambiar nuestro pensar y actuar orientándose hacia Dios y el bien de nuestros hermanos.


Una característica del taller que entiendo que fue muy importante es que crea en cada encuentro un espacio seguro en el que cada uno puede compartir sus propias vivencias y sentirse apoyado, lo cual aporta enormemente a la motivación para continuar llevando a cabo el proceso, que aunque valioso, sin duda no es sencillo.


Qué bueno que se nos haya dado a los jóvenes la posibilidad de participar de este taller y nos hayan hecho ver la vigencia y el gran valor del discernimiento ignaciano. Muchas gracias a todos los que estuvieron presentes, y en especial a Rodolfo, Ximena, Mariana, Rafael e Isabel por preparar tan lindos encuentros.


Santiago Ceruti (pre comunidad)

 

La verdad desde un inicio no nos quedaba muy claro esto de un taller de discernimiento que no es taller no se discierne. Era algo en grupo pero individual.


Sin entender mucho en primeras charlas del taller nos pidieron que fuéramos sin expectativas de cómo iba a ser, y sin duda fue la clave para lograr sentir todo lo que surge ahí. La palabra taller realmente le queda muy corta.


En lo personal fue un espacio de autoconocimiento dónde adquirí herramientas que me permitieron verme desde lo más puro que me forma.


A medida que el taller avanzaba el aprendizaje, el conocimiento y las preguntas crecían cada vez más, el grupo y los guías fueron clave para tener sostén y acompañamiento en todo momento.


Los talleristas en su manera de contar y de escucharnos nos reflejaban de manera fraterna lo importante y lo fundamental que es el discernimiento en nuestra espiritualidad y en nuestra vida.


Este espacio me permitió reencontrarme con la oración y ver a Dios en todo. ❤️


En algún momento me preguntaron si con los materiales solo se podría hacer el taller, y creo que el contenido teórico aunque basto no alcanza para vivenciar todo lo que el taller tiene para dar.


Valentina Consonni (Manere)

 

La experiencia del taller representó una oportunidad de volver a casa, de refrescar y continuar interiorizando, en otra etapa diferente a aquella en la que lo hice por primera vez, algo tan propio de nuestra identidad de laicos.


Las instancias de preparación nos fueron consolidando como equipo y, en este sentido, destaco la riqueza de intercambiar y hacer proceso entre miembros de la CN así como contar con la presencia de Jime O'Neill.


Poder llevar a cabo el taller representa para mi un modo de compartir la gracia recibida, de presentar a otros algo que sigue vigente y que es una alegría para difundir.


Los encuentros estuvieron nutridos y potenciados por compartidas sinceras y generosas. Estas semanas de taller han sido un regalo que agradezco mucho.


Mariana Carriquiry (Ágape)

 

En lo personal, el origen de este Taller se remonta a cuando lo hice con Hacho, allá por el 95'. Esa experiencia se me marcó como novedosa, profunda y muy útil. Por mucho tiempo albergué el sueño de recuperar ese espacio en CVX, pero el tiempo fue pasando sin poder concretarlo.


Con la invitación de Gabriel, revivió el sueño y comenzamos a convocar gente para el equipo. Esa convocatoria fue la primer Gracia. La total disponibilidad para integrarse fue una primera señal, como que el sueño era compartido. Luego vino la preparación, donde cada miembro del equipo conectó con su vivencia (en un rango de 3 décadas) y su experiencia del discernimiento desde entonces. Este compartir, actualizar e imaginar el taller terminó de consolidar al grupo.


La convocatoria puso algunas dudas que se terminaron de disipar luego de iniciado el taller, sobre todo a partir de la compartida de la segunda reunión. En lo personal, ahí empecé a disfrutar más gratuitamente el taller, dejándome asombrar por el proceso de los participantes.


La frutilla de la torta fue la Eucaristía final, donde pudimos compartir la profunda experiencia de los que hicieron el taller. Comprobar como esta herramienta sigue marcando y ayudando en la búsqueda del Señor en un modo característico de nuestra identidad CVX. Las modalidades y estilos de cada generación pueden variar, pero el taller apela a realidades más profundas del espíritu humano y su relación con Dios.


El proceso de gestación, preparación, trascurso y evaluación del Taller de Discernimiento, ha sido una de las Gracias más lindas recibidas este año, y creo también que Hacho sigue trabajando…


Rodolfo Fonseca (Hacho)

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