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Somos amados y esperados por él

Mi nombre es Sofía, y en Semana Santa pude participar de la segunda tanda de ejercicios en la Floresta. En lo personal ya había realizado ejercicios antes pero siempre tienen algo nuevo. Estuve en el grupo de los que habían hecho 1 vez o ninguna y como guías tuvimos a Majo y a Fer.


Yendo un poco más a lo concreto considero que todos tenemos nuestras situaciones y que por supuesto está demás decir que cada vez que vivimos los ejercicios algo nuevo nos depararán, tal vez verdades que ya sabíamos, tal vez cosas nuevas por descubrir o quizás algunas cosas a seguir poniendo en oración para seguir caminando con el Señor.


Pero considerando más el lado práctico o la experiencia de vivirlos creo que es una hermosa manera de poner en pausa nuestra vida cotidiana y regalarnos un encuentro más personal con el Señor. Nunca había tenido la oportunidad de ir a la casa de la floresta pero fue hermoso tener a mi disposición tanta naturaleza y vida a mi alrededor, aquella belleza silenciosa, la de escuchar romper las olas antes de dormir o el simple hecho de estar rodeados de pequeños animales que con su timidez te acompañan en cada oración.


Mi experiencia se hizo súper amena con mis guías, personas de la vida que supieron bajar un poco a tierra aquellas oraciones que parecen ajenas a uno o lejanas a nuestra época. Las explicativas de las reglas de San Ignacio o conceptos que no sabemos tanto, hacen que al momento de enfrentarte a las oraciones sepas distinguir un poco más, tengas más herramientas para rezar o bien puedas descubrir nuevas formas de hablar con él.


El acompañamiento que es súper importante, no solo porque es el rato de hablar para aquellos ansiosos como yo, sino más que nada porque es un rato de escucha sincera, un rato donde tienes un espacio seguro para compartir y donde podes expresarte tan alegre o tan frágil como estas. Por supuesto que todos tenemos cosas distintas que llevar a ese encuentro pero está en manos y oídos de Dios lo que lo hace un ratito personal y especial, con alguien que es instrumento de Dios con una palabra, un gesto o un aliento en nuestros caminos.


Por otro lado, el aspecto de estar rodeado/a de personas en la misma situación que tu, que eligieron encontrarse con Jesús ese ratito, y que no puedas hablar con ellos pero una sonrisa, un gesto en los ratos difíciles e incluso la simple presencia son formas de compartir la fe. Cada uno pelea sus batallas, cada uno pedirá o agradecerá lo que su corazón le suscite pero saber que todos compartimos la fe en un padre repleto de amor es uno de los mejores regalos.


Para cerrar y no ser extensa mi experiencia fue hermosa y no por eso implica que todo lo rezado fue ameno y consolador pero sin dudas es un espacio donde nos disponemos en todos nuestros sentidos a encontrarnos con Dios sin preocuparnos por el día a día o las cosas pendientes por hacer. Sea el tiempo que sea que puedas o elijas hacerlo sabe que Dios siempre está ahí esperándote, siempre te está invitando y las oportunidades están presentes, así de rotos, así de completos, así como estamos porque somos amados y esperados por él. Les deseo mucha luz en sus caminos y que puedan usar “tanto cuanto” estas herramientas les sean útiles en su proceso de fe.


Sofía Camejo



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