Una Vivencia de Iglesia Universal
Pasado ya un tiempo, quiero compartir la experiencia de haber participado del Sínodo de la Sinodalidad en su etapa presencial durante los meses de octubre de 2023 y 2024, convocado por el Papa Francisco en el 2021, cuyo lema fue “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Tuve la bendición de hacerlo en el rol de Facilitador - rol que confieso, que no comprendí mucho hasta vivenciar la experiencia.
Para poder entender mi participación tengo que remontarme a la Asamblea Mundial de CVX de 2018 en Buenos Aires, asamblea que también tuve la bendición de participar como miembro. El lema de esta Asamblea fue “CVX, un regalo para la Iglesia y para el mundo”. En esta oportunidad el Papa Francisco nos hizo llegar una carta donde, entre otras cosas, nos dijo la especial atención que le prestaba a la misma y la expectativa que tenía en el desafío de ser genuinos “contemplativos en la acción”.
Estos dos eventos tienen muchos significados en común como vivencias de Iglesia universal, pero quiero detenerme en el centralismo aspecto de que ambos fueron vivencias espirituales donde el protagonista fue el Espíritu que habla en nuestra Iglesia hoy.
La herramienta en ambas fue la “conversación en el Espíritu” - antes conocida como conversación espiritual -, cuyo matiz en el cambio de denominación es pertinente ya que de lo que se trata es escuchar al Espíritu compartiendo los frutos de la oración para que él sea el protagonista, y de ese modo dejar de lado las posibles interferencias autorreferenciales que puedan tener los participantes.
De la riquísima vivencia de Iglesia que fue el Sínodo, señalo ahora la oportunidad de escuchar a distintos actores de la Iglesia sentados en una mesa compartiendo sus opiniones, independientemente de su carácter jerárquico, acerca de los documentos rezados tratando de pasar de un yo a un tu, para finalmente llegar a un nosotros en la mirada de por dónde los llevó el Espíritu.
También quiero compartir que en el Sínodo tuve la posibilidad de tratar a dos Papas: por un lado el Papa Francisco, a quien no me alcanzará la vida para agradecerle haberme convocado; admirablemente incansable a pesar de su edad y misión; cercano en la conversación como un rioplatense más; siempre dispuesto a saludar a todo aquel que se acercara; respetuoso del sínodo y su desarrollo, al punto que tuvo pocas intervenciones, todas con un mensaje claro y conciso; y a quien vi liderar a la Iglesia en muchos signos de sentido evangélico como su preocupación por los inmigrantes, su preocupación por la paz en el mundo y su pedido de perdón por los abusos en primero persona, entre tantos otros.
Y por otro lado a León XIV, entonces cardenal Prevost, que participó en mesas que yo facilitaba; un norteamericano tan latinoamericano, que al escucharlo hablar tenía que pensar de dónde era; con una disposición a la escucha llamativa que al dar su opinión demostraba haber estado escuchando a los demás y con una sencilla presencia respetuosa de los demás.
Hago mi oración agradecida a Dios por tanto bien recibido.
Leonardo Lima
Comunidad Emmanuel





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