Permanecer en Cristo para dar más fruto
Reflexiones a partir de la Asamblea Nacional de la CVX en Uruguay 2026
«Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto» (Jn 15, 5).
Estas palabras de Jesús nos acompañaron en la Asamblea Nacional 2026 y nos invitan a mirar el camino recorrido, agradecer los frutos recibidos y discernir hacia dónde nos llama el Señor como comunidad.
Como CVX, nos sentimos llamados a seguir a Cristo, permaneciendo unidos a Él y formando parte de una comunidad mundial. Queremos hacerlo bebiendo de la fuente de la espiritualidad de Ignacio de Loyola y desde nuestra vocación laical, buscando dar fruto allí donde vivimos y somos enviados.
Al escuchar el compartir de los delegados y delegadas, hubo una palabra que apareció reiteradamente: agradecimiento. Agradecimiento por la riqueza de la vida comunitaria, por la amplitud y diversidad de nuestra vida apostólica, por los encuentros y por todo lo que el Señor va suscitando en nuestras comunidades. Reconocemos en ello un motivo de alegría y una invitación a seguir creciendo. Hay vida, hay entrega, hay búsquedas y hay frutos que vale la pena celebrar.
Esta gratitud no nos invita a quedarnos en lo alcanzado, sino que nos impulsa a preguntarnos cómo seguir respondiendo, con mayor fidelidad y disponibilidad, a la llamada que hemos recibido.
De las preguntas recurrentes a un discernimiento que nos movilice
En la Asamblea también volvieron a aparecer preocupaciones y preguntas que nos acompañan desde hace varios años. Esto nos deja una inquietud: ¿por qué seguimos encontrándonos con los mismos temas y, en ocasiones, con respuestas similares? ¿Hay preguntas incómodas que nos cuesta plantear? ¿Necesitamos más tiempo para que los procesos de discernimiento se traduzcan en cambios concretos en nuestra manera de ser comunidad?
Quizás estas constataciones no tengan una única explicación. Los procesos comunitarios requieren tiempo, y no siempre es posible transformar de un año a otro aquello que venimos discerniendo. Pero también cabe preguntarnos si necesitamos revisar nuestras dinámicas, animarnos a profundizar algunas cuestiones y asumir con mayor decisión las consecuencias de lo que discernimos.
En este sentido, queda abierta una pregunta sobre nuestras propias Asambleas Nacionales: ¿podríamos pensarlas en ciclos de varios años, con objetivos y etapas más claramente definidos, que nos permitan profundizar el discernimiento, acompañar los procesos y evaluar los pasos que vamos dando? No se trata solamente de encontrar respuestas nuevas, sino de aprender a discernir juntos de una manera que nos ayude a tomar decisiones y sostenerlas en el tiempo.
Una comunidad llamada a crecer en corresponsabilidad
Al mirarnos como Comunidad Nacional, además de la gratitud, emergieron distintos aspectos que reclaman nuestra atención y compromiso:
El acompañamiento de las comunidades: cuidar, formar y acompañar a quienes ejercen el servicio de guías, así como invitar a otros a asumir esta tarea. Esta dimensión emerge con fuerza en la Asamblea Nacional 2025 y claramente continúa siendo un aspecto a atender prioritariamente.
Los jóvenes: renovar nuestra capacidad y condiciones para que se integren a CVX; reorientar y profundizar el vínculo con la Red Juvenil Ignaciana (RJI), así como el “tiempo” en que invitamos a la CVX.
La vida apostólica: seguir desarrollando el discernimiento apostólico en el marco del DEAE (con un énfasis especial en la “A” de apoyar, acompañar), actualizar el mapa apostólico como medio para enviarnos y apoyarnos en misión; profundizar la reflexión sobre nuestras fronteras y el trabajo de los equipos (aunque en este contexto nos preguntamos si esto sería una prioridad para la Comunidad Nacional).
La vida espiritual: reafirmar la centralidad de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola como fuente de nuestra experiencia de Dios, que nos invitan a contemplar la realidad y dan fundamento de nuestra misión.
La corresponsabilidad: crecer en una manera de ser comunidad en la que todos nos sintamos llamados a aportar, hacernos cargo y participar, promoviendo también los encuentros intercomunitarios y revisando nuestros modos de discernir y decidir.
Estos temas no son tareas aisladas ni responsabilidad exclusiva del CEN. Nos comprometen a todos, desde el lugar y las posibilidades de cada uno. La corresponsabilidad es, precisamente, reconocernos parte de un mismo cuerpo, en el que cada persona y cada comunidad tienen algo que aportar, que se enriquece con los aportes de otras y una responsabilidad que asumir.
En continuidad con el camino recorrido en la Asamblea General de Amiens (2023) y la Asamblea Regional de Buenos Aires (2024), estamos invitados a seguir profundizando nuestra identidad y nuestra misión, haciendo cada vez más concreta nuestra vocación de comunidad laical ignaciana y apostólica.
Permanecer unidos para dar fruto
San Pablo nos recuerda que estamos llamados a crecer plenamente en Cristo, «viviendo la verdad y el amor» (Ef 4, 15). Permanecer en Él no significa quedarnos quietos ni conformarnos con lo que ya somos. Significa dejarnos alimentar por su vida, escuchar su llamada y permitir que transforme nuestra manera de relacionarnos, discernir y servir.
Los frutos que el Señor espera de nosotros no dependen solamente de cuánto hagamos, sino también de cómo vivimos nuestra unión con Él y entre nosotros. Por eso, junto con agradecer lo recibido, el próximo año nos invita a profundizar nuestra vida espiritual, fortalecer nuestra comunidad, renovar nuestra apertura a los jóvenes y asumir más corresponsablemente la misión apostólica.
Que la gratitud por el camino recorrido nos dé alegría; que las preguntas que siguen abiertas nos den valentía para discernir; y que la confianza en el Señor nos ayude a dar los pasos que hoy están a nuestro alcance.
Permanecer en Cristo, crecer unidos y dar mucho fruto: que este sea el horizonte que nos anime a seguir caminando juntos como CVX en Uruguay.
Gabriel Fernández
Presidente CEN CVX en Uruguay





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