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Un marzo en setiembre...

Llega Navidad, tiempo de novedad y esperanza, tiempo de cambios y de búsquedas… Algo así ha sido el Rincón este año: mucho movimiento, muchos cambios con todo lo que ello acarrea de crisis, superar miedos, y animarse a cosas desconocidas, confiando en que todo va a ser para mejor. Finalmente, en junio, nos llegó el tan esperado SÍ de INAU al convenio, lo que significaba pasar de atender a 34 niños (en ese momento) a 52 (ahora).


Había muchos cambios para hacer: la casa nos quedaba chica, había que pensar una manera de agrandarla. Desde hace años veníamos soñando con “el galpón de al lado”, y luego de muchos trámites, conversaciones y gestiones de la Comisión Directiva, se hizo realidad.


La charla con las familias de Rincón estuvo muy linda, todos contentos, vecinos, amigos de sus niños. Los niños, por su parte, tenían la preocupación de qué iba a pasar con el Rincón, las paredes, las ventanas… obviamente su casa iba a cambiar. Una vez despejadas las preguntas, se pusieron manos a la obra en ver cómo recibir a los nuevos compañeros.


Mientras comenzaban las obras en Rincón, la parroquia San José Obrero (quien vio nacer a Rincón hace 20 años) nos abrió las puertas con mucho cariño. ¡Tremendo cambio tanto para el equipo como para los niños! Organizar mudanza, privilegiar qué cosas traíamos y cuáles no, acostumbrarse a un nuevo espacio. Nos mudamos dos semanas antes de recibir a los niños nuevos, para que “los viejos” pudieran hacerse con el espacio, y no fueran muchos cambios seguidos.


Luego vinieron las jornadas de integración por grupos… pasábamos de ser 3 grupos a 4, por lo que era casi como empezar de nuevo, como dijo Mateo: un marzo en setiembre. Cambiaba además la dinámica: pasábamos a tener una hora más en Rincón, un taller más, más caras de adultos que se integraban al equipo: Cande, las Veros, la inspectora Pilar, Natalia en la limpieza de la casa.


Al principio costó bastante, hubo llantos, pedir para volver a como estábamos antes, quejarse mucho porque “los nuevos” no se sabían las reglas de Rincón, había que explicarles todo, el comedor nos quedaba chico, había que llegar antes para almorzar, etc. Aproximadamente a las dos semanas ya estábamos todos más o menos amoldados y conviviendo (casi) en paz.


Para el equipo fue todo un desafío. Ayudó enormemente el ser un equipo consolidado, con años de trabajo juntos, y mucha confianza. Se podían ver las bondades que traerían los cambios, aunque implicó mucho esfuerzo. Fue una gran riqueza la incorporación de los nuevos compañeros y todo lo que cada uno trajo de nuevo. ¡Más horas de trabajo social! Fundamental para el acompañamiento a las familias y la comunicación con las redes de la zona. ¡Más horas de psicólogo! Lo que nos dio la posibilidad de acompañar a los niños que más lo necesitaban, y de generar un espacio muy disfrutado por los niños y los educadores que acompañaron la propuesta.


¿Y los adolescentes? También sintieron el cambio, ya que su horario fue “tocado” por la nueva dinámica de los niños, hubo que buscar nuevos espacios, conformarse, quejarse por la merienda, hacer enojar a Angélica, etc. Este año sale Sofi, quien comenzará el año próximo en la facultad de Derecho. ¡Otro orgullo para Rincón!


Los niños… ¡Ellos lo valen todo! Siempre decimos (porque los queremos mucho) que los niños de Rincón son especiales. Ahora son 59 (52 niños y 7 adolescentes), todos hermosos, todos con mil posibilidades, todos un desafío para este equipo, que en conjunto con sus familias y las instituciones de la zona, busca siempre lo mejor para ellos. Para ellos y por ellos, seguimos haciendo realidad el sueño que CVX tuvo en este barrio.


¡Gracias por soñarnos! ¡Feliz Navidad!


Natalia Borche (Coordinadora)











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