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Aprendiendo a ser peregrino

Considero importante empezar agradeciendo por la oportunidad de compartir mi testimonio como voluntario de La Huella en este espacio, porque significa compartir sobre una experiencia a la que llegué -en parte- por la CVX y porque viene siendo una rica vivencia de profundización en mi proceso “aprendiendo a ser peregrino”.


Soy uno de los integrantes de la Comunidad (junto a Santiago, Mateo, Ignacio y Andrés) que actualmente está haciendo La Storta, que es una experiencia que surgió de la CVX en Chile y originalmente duraba 1 mes. Aquí en Uruguay se tomó la idea, se hizo una adaptación a 5 meses y se vienen formando 13 comunidades hace casi 10 años.


La Storta es un proyecto de inserción comunitaria que invita a conocer, seguir y compartir a Cristo, que constantemente se nos revela, como lo hizo Ignacio. Concretamente, se propone vivir una experiencia intensa de fe, a través de los Ejercicios Espirituales en la vida diaria, de vida en comunidad y de convivir con los más apaleados de la sociedad.


La historia sobre cómo llegué a estar viviendo La Storta es fácil de resumir. Conozco varias personas que han hecho la experiencia, entonces poco a poco fui conociendo distintas vivencias y la propuesta fue llamando mi atención. Este año me llegó la convocatoria desde la CVX. Decidí empezar el proceso de discernimiento porque las ganas de apostar por el estilo de vida al que se invita seguían intactas, me sentía con la madurez necesaria para vivir (relativamente) lejos de mi familia, y quería poner de vuelta a la Fe en el centro de mi vida.


Todo se vive intensamente y la oración no es una excepción. En la propuesta se invita a rezar los Ejercicios en la vida diaria (las cuatro semanas se rezan en cuatro meses) con una pauta semanal, además de ensayar todos los días el examen ignaciano con la comunidad. Personalmente puedo decir que me ha servido mucho retomar el hábito de rezar la pausa diaria en la rutina. Sin embargo, me ha costado mantenerme viviendo plenamente la dinámica de los Ejercicios Espirituales, porque la disponibilidad de tiempo y el cansancio varían semana a semana y juegan un papel importante. Igualmente, estoy a mitad de camino y puedo decir que estoy viviendo una experiencia de encuentro con Dios y crecimiento espiritual, como suele ocurrir con esta herramienta de oración. La invitación es desafiante, pero tiene un gran potencial.


Realmente considero que es un regalo poder compartir la experiencia con mis compañeros y saber que cuento con su cariño y respeto. La experiencia de vivir en comunidad pone en juego una dinámica muy rica en la que necesariamente los miembros comparten lo que son: la personalidad, la historia, los vínculos, la fe, el ánimo, el tiempo, la rutina, entre tantas otras cosas.


La llamada a convivir con los chicos y chicas de un hogar no es porque ellos sean buenos o malos, ni es para tener un voluntariado. Sencillamente se nos invita a acercarnos a ellos porque son nuestros hermanos más necesitados y Dios necesita de nosotros para sacar la cara por ellos. No hace falta vivir meses cerca del hogar para entender que es un lugar en el que conviven diversas historias de mucho dolor, pero, a pesar de todo, para mí se describe mejor como un lugar en el que uno siempre encuentra y recibe amor. De verdad puedo decir que me siento profundamente querido por los chicos y chicas que viven allí. Es un privilegio hermoso que sean parte de mi vida. Finalmente, sería injusto que no mencionara a las personas que trabajan en La Huella, que nos han acogido fraternamente, y dan todo lo que tienen, cada día, para que los chicos vivan de la mejor forma posible. Desde la comunidad sentimos cariño y admiración por ellos.


Si bien -en teoría- resulta sencillo distinguir estos tres pilares de la propuesta, en la práctica todo se entrelaza y se atraviesa por las demandas de la rutina propia y las de los demás. Quizás uno de los desafíos más grandes de la experiencia es lograr priorizar y organizarse en la agenda, para cumplir con todo a tiempo. Para eso sirve el discernimiento y tenemos el apoyo de la comunidad.


Bajar a tierra y resumir en estos días lo que estoy viviendo también ha significado un gran desafío para mí. Posiblemente, más adelante, esta va a ser una lectura muy atractiva, pero con mucha cosa por agregar o corregir. Lo que es seguro es que todavía no puedo dimensionar la grandiosidad de la vivencia.


Para cerrar, si tuviera que describir brevemente mi experiencia personal, diría que ha sido un tiempo de seguir aprendiendo a vivir con la mirada de un peregrino, que busca acercarse humildemente a los demás para compartir lo mejor que tiene (lo que Dios hace en cada uno), sin creerse el salvador del mundo ni ser como un turista que está de paso para hacerse fotos bonitas. En definitiva, diría que he intentado encontrarme con los demás para aprender, dejar huella y seguir creciendo como creyente.


Juan Martín Quesada (de Nico y Dalila)



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