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Inicia la Cuaresma

Querida Comunidad Nacional,


Estamos iniciando el camino de Cuaresma. Con la lectura de las tentaciones de Jesús en el desierto (Mt. 4,1-11), el 1er domingo nos brinda pistas para reconocer los desafíos que podemos encontrar para la iglesia toda, para nuestra Comunidad y para cada uno de nosotros. Repasemos juntos el texto.


Las tres tentaciones podríamos calificarlas como ‘bajo especie de bien’, pues no afectan la identidad de Jesús sino que se enfocan en el modo de llevar adelante la misión del Padre: construir un mundo más humano.


Así, la tentación de convertir piedras en panes representa el atender a su propia necesidad vital más que a poner al prójimo en primer lugar. La tentación de arrojarse de lo alto del templo, simboliza la búsqueda de la seguridad en un Dios mágico. Por último, dominar sobre los reinos de la tierra es una desviación del sentido profundo y verdadero del Reino: una invitación desde el amor incondicional, nunca una imposición avasallante.


También la Iglesia –y nuestra Comunidad Nacional como parte de ella- puede experimentar tentaciones semejantes.

  • En medio de un tiempo de desierto, sin tantas gratificaciones, podríamos sentirnos atraídos por atender a nuestro propio ‘amor, querer e interés’, desviando la atención del proyecto del Padre;

  • Después de sostener con esfuerzo la vitalidad de nuestro compromiso apostólico y comunitario, –y quizás por lo modesto de los resultados-, desearíamos que la labor no fuera tan ardua y laboriosa;

  • Frente a los intentos por sostener y hacer crecer la comunidad cristiana, sin tanta consolación evidente, podríamos llegar a desear que la realidad se ajuste un poco más a nuestras proyecciones, por sobre las dificultades de cada día.

Si nos dejáramos convencer por estas ‘falsas razones’, la atención a las propias necesidades –tan necesarias- podría imponerse por sobre la invitación del Padre a volvernos personas humanas plenas, capaces de escuchar Su voz y reconocer en el otro a un hermano. Nos impediría vivir el servicio generoso y desinteresado por los más necesitados. Nos alejaríamos, cada día un poco más, de la lucha por hacer de este mundo un espacio más fraterno, más justo y más digno para toda persona humana.


Iniciamos la Cuaresma, ¡buen camino!


Mariano Durand SJ

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